El cóctel mantiene su vertiente clásica, pero también es lo más "in" del
momento. Así lo entendió José, encargado del restaurante y club Gurú,
cuando decidió tomar clases de coctelería: "Funcionan porque el precio es el mismo que el de una copa
normal, pero mucho más exóticos. El 50% de las ventas son cócteles".
Gurú es un lugar que sorprende a primera vista: todo es blanco nuclear,
con palmeras y piñas gigantes del mismo color, como si fuera una selva
de mármol. Lo que varía es la luz, hoy en una gama entre rosa fucsia,
salmón y violeta: "Adapto el ambiente
al estado de ánimo de la gente, y al mío propio", nos cuenta
José, quien dice haber nacido para trabajar durante la noche: "Me da vida, la gente es mucho más alocada a
estas horas. Además, tienes que estar enamorado del lugar donde
trabajas, y yo lo estoy".
En el Mix, como bien dice su nombre, reinan las mezclas. Un moderno
lugar en pleno Born de Barcelona donde se puede disfrutar de un ambiente
movido y joven, que casi no deja respirar al electro-jazz que intenta
hacer acto de presencia. La apuesta de Mix, como cuenta Gerobi, la
encargada, son los cócteles preparados, dispuestos en botellas boca
abajo y que despiertan la curiosidad de muchos al otro lado de la barra.
"Nos piden mucho el Strawberry
Daiquiri y los Margarita".
Una de las escuelas más respetadas en coctelería, la inglesa, siempre ha
defendido el "flair", o lo que es lo mismo, que un profesional también
debe mantener al cliente entretenido, dar un servicio global. En Lika
Lounge es lo llevan escrito en la frente. Esta coctelería de decoración
discotequera entiende que el cóctel es espectáculo, así que los clientes
se entretienen en descubrir dónde está su mezcla cuando Lino, el
barman, lo hace volar poniendo a la gravedad en un verdadero compromiso.
Lleva un pañuelo en la frente, estilo samurai, parece que haya aceptado
el desafío de enloquecer al líquido, y que, sin embargo, él no pueda
tocarlo. Cuando está terminado de verter el resultado final en la copa,
consigue concentrar la mirada de todo ser viviente en esas últimas
gotitas, que hace caer una a una. Luego escurre la coctelera con humor.
En la carta del Lika figuran cócteles sugerentes como el Black Pussy o
el Pornstar Martini, este último a base de vodka Absolut, sirope de
azúcar, fruta de la pasión y champán. "Estamos
innovando mucho; tenemos cócteles con polvo de oro, con rosas, tenemos
licores de puro y algunas mezclas las servimos con piedras dentro del
vaso", nos cuenta Marco, el encargado.
Pero, claro, uno no se cree las cosas hasta que las ve. Las maravillosas
Sharon y Kira, dos bellezones que quitan la tontería a cualquiera,
están en plena actuación, bajo la luz del foco en el Hotel Axel. Sus
labios están perfectamente pintados, sus tacones, afilados, y sus
pelucas, bien peinadas. Súbitamente Sharon afirma que ella se bebe con
salero un delicioso cóctel con piedras. Saca la rosa del florero y le
pega un traguito femenino. El público estalla en risotadas. Cada jueves
en el Hotel Axel se puede ver el espectáculo "Drags & Drinks". Juan
Carlos, de origen guatemalteco, es el barman autodidacta que ha ideado
la carta y está especialmente contento porque se han abierto otros dos
hoteles en Buenos Aires y Berlín, y sus recetas viajarán al extranjero.
En la lista están todos los clásicos, pero con su toque "shower". "A base de un contraste entre el zumo
natural del limón y el azúcar; siempre me gustó ese punto ácido y dulce a
la vez".
Con sólo un mes de vida han conseguido 1.200 visitas en una noche. El Broad Bar es una de las nuevas propuestas que sabe combinar las
tendencias actuales con la tradición en la barra. Y desde luego a través
de una idea inédita: en el mismo local, que también es restaurante, hay
un plató interactivo de televisión que se pone a disposición de
artistas y proyectos interesantes. Se graba en directo la actuación o el
corto (y se emite por Internet) y los participantes se llevan su
trabajo editado por profesionales a casa. La barra mide quince metros de
largo y en ella trabajan jóvenes promesas como el italocubano Juan
Pablo, que se crió y estudió en Cuba: "Pude
conocer al dueño del mítico Floridita, Ramiro, el mayor experto en
daiquiris. En Cuba nadie dice de sí mismo que es un buen coctelero así
como así. Aprendí la seriedad del trabajo y el sabor cubano, que es
tropical, caliente y siempre alegre". Juan Pablo cuenta que lo
que más éxito tiene, de nuevo, son los mojitos, las caipiriñas y las
nuevas caipiroskas (con vodka). Hace algunos días Juan Pablo sirvió
cócteles en una despedida de soltera. "Le
preparé un cosmopolitan a una chica y me pidió que me casara con ella",
dice orgulloso.
Y para más vuelta de tuerca en locales innovadores, destacamos el Ice
Bar. Delante de la playa de la Villa Olímpica de Barcelona, hay un bar
de hielo, en efecto. Las copas se sirven en vasos de agua congelada en
una sala a seis grados bajo cero. "Servimos
mucho Cointreaupolitan y las nuevas combinaciones de Absolut con limón,
pimienta, vainilla y arándanos", nos dice Nadine, la encargada.
Sin duda, el comportamiento de los clientes en un contexto extraño se
convierte en extraño: "Parece como si
la gente no hubiera visto hielo en su vida. Se pasan el rato riendo y
tocando las paredes. He visto congas entre gente que no se conocía de
nada, y una vez unos ingleses se quitaron toda la ropa. Toda".
En Barcelona, la excelencia en restauración se acompaña de un nivel
equivalente en los cócteles. Los hoteles y locales de renombre están
invirtiendo en contratar a los mejores profesionales y trabajan duro
para conseguir la nota diferencial. Con la demanda aumenta también la
exigencia de los paladares, y ello propicia que muchos de los bármanes
estrella sean italianos o argentinos. Dos países donde la tradición del
cóctel lleva años de ventaja. Así lo afirma Carlo, del Bestial, un
restaurante de luz perfecta con una terraza realmente incomparable
frente al mar: "En Italia tenemos el
momento del aperitivo, que tradicionalmente se toma con un cóctel. Ha
costado bastante empezar a introducirlos aquí, donde hay más tradición
de copa". Carlo presume, y no falta mucha razón, de hacer, junto
con la Negra Tomasa de Madrid, el mejor mojito del mundo. "Un cóctel es un viaje hacia tus
sentimientos. Si no estás preparado, tómate una caña. Ahora bien, no
probar un buen cóctel es como no haber hecho el amor". Le dejamos
hablar mientras perfecciona un mojito, añadiendo otra máxima: "Hacer un plato de pasta es fácil. Hacer un
buen plato de pasta, no tanto. Con los cócteles pasa lo mismo".
Gianluigi, un compatriota, es el nuevo barman del restaurante y sushi Negro, un lugar donde la excelencia se combina con las tendencias más
actuales en música y decoración. Gianluigi, que está preparando la nueva
carta de cócteles de Negro, viene dispuesto a luchar contra el excesivo
amor catalán por los clásicos y a introducir la molecular "mixology" en
sus mezclas: "Demasiado dry martini y
bloody mary. Experimentaré con las técnicas de la alta cocina, pero en
cócteles".
Habla también Tizziano, otro italiano estelar, en este caso en la barra
del prestigioso Hotel Omn. Muy frecuentado por celebridades, posee un
gran vestíbulo donde las zonas se hilvanan en un ambiente excelso, con
ese rumor silencioso que caracteriza a los lugares con mucha clase.
Mientras suena el chill out brasileño de Yara Belinson, reina el
silencio y la eficacia de una máquina bien engrasada. A Tizziano la
clientela de Omn, entre la que hay muchos extranjeros, le permite
evolucionar: "Me gusta la coctelería
creativa, y aquí puedo trabajar en un nivel alto; por ejemplo, ahora con
la ginebra de pepino, con la que hago caipiroskas". Este barman
se inspira cuando ve las creaciones del restaurante, que posee una
Estrella Michelín: "Una vez puse tiras
de chocolate por dentro de la copa, o uso la miel y otras cremas".
Y aún dice recordar a Robert Redford diciéndole desde su mesa: "Yes, it´s me".
También hay coctelerías desenfadadas, pero de calidad, en la parte alta
de Barcelona. Es el caso de Premier, que descubrimos casi de casualidad
durante nuestro viaje gracias a un "chivatazo". Y es que es un nido de
franceses. Yann, el barman, cuenta que conoce a la mitad de su clientela
y que su filosofía es sencilla: "Salir
de noche significa divertirse". Hace cinco años Premier era un
bar corriente y hoy se puede degustar un buen cóctel sin pretensiones
con jazz, house electrónico o funk music de fondo. "Aquí hacemos los cócteles de referencia a
medida", sigue diciendo Yann, que como buen racionalista francés,
aunque con 10 años de experiencia, quita misticismo a la profesión. "Si los haces 50 veces, te sale. Sólo hay
que cambiar detalles".
El Santé Café es quizá la coctelería más accesible. Es una cafetería por
las tardes, y por la noche se convierte en un bar lleno de gente joven.
Allí está Sara, una joven y bellísima barwoman que lleva todo el peso
del local desde hace 6 años, muy valorada entre su clientela: "Nos diferencia el trato, muy cercano, y que
tenemos unos muy buenos mojitos y cócteles con helado de vainilla y
batidos". Suena música negra, y Cristian, un actor alemán,
confiesa que le encanta la modernidad del lugar y que el botellero le
recuerda a las coctelerías de Hamburgo: "Es precioso, tiene la misma luz". Y se queda ensimismado
viendo los líquidos traspasados.
No todas las perlas de Barcelona vienen de otros mares. Un ejemplo es
Jordi Reig, barman veterano de la Torre Rosa y barman del mes en la
revista de la Federación de Asociaciones de Barmans Españoles. La Torre
Rosa, una casa indiana de principios del siglo XX y que funciona desde
hace nada menos que 22 años, es un ejemplo de la importancia del trato
cercano: "Lo más importante de un
barman es que sea capaz de enganchar al cliente. Si haces buenos
cócteles pero eres antipático, no haces nada".
El final de Barcelona, lo que está más cerca del cielo, es el Tibidabo;
justo en la cima de la montaña mágica hay dos coctelerías históricas.
Una de ellas, el Mirablau, que podría resumirse en dos conceptos: vistas
y cócteles perfectos. Nada más. Nada menos. Sin ostentaciones. Casi a
oscuras, la gente se arremolina hacia el ventanal. Al fondo, Barcelona
se extiende en un enjambre de luces inabarcables. Y en la barra, Chus y
Paco trabajan codo con codo de una forma increíble. Están sincronizados
en un espacio mínimo y son absolutamente metódicos. Sus rostros no
expresan porque trabajan para un público exigente que mira hacia otro
lado. Pero Paco sonríe cuando para un instante y dice que simplemente
trabajan con la fórmula correcta, buenos productos y el tiempo
necesario: "Si lleva fresas, que sean
selectas. Rechazamos el premezclado. Prefiero que un cliente espere 10
minutos y cortarle la menta en ese momento". Y justo al lado del
Mirablau, una terraza bar de decoración tropical, el Mirabé, donde se
pueden tomar los mismos cócteles que en el Mirablau (de hecho, es
gestionado por el mismo grupo hostelero), pero a la vez escuchar buena
música y bailar en un ambiente refinado.
El Merbeyé, al otro lado de la calle, tiene una decoración de jazz bar
impecable. Ventiladores de tres aspas, gramolas y fotos de Ella
Fitzerald entre tonos granates, amarillos y madera. Pero sobre todo
tiene historia. Sabino Mendes escribió la canción "Cadillac solitario"
en 1983. En ella, una pareja disfrutaba de su pasión junto al Merbeyé.
Más tarde, Loquillo la inmortalizó para siempre. Se pueden degustar
cócteles de gran calidad con ese ingrediente especial: lo genuino. Como
dice Sonia Trabal, directora adjunta, el Merbeyé es un lugar donde las
bombillas han tenido tiempo de fundirse. Y un cóctel para celebrarlo:
Merbeyé, con un golpe de Sherry, cointreau y cava.
Amigos, cada noche, se preparan cientos de cócteles en Madrid y
Barcelona. Algunos, perfectos, clásicos, ortodoxos; otros, locos y
sorprendentes. Pero la mezcla de alcoholes y jugos detrás de una barra
mantiene ese espíritu de gozar el instante, de lo irrepetible. Es eso lo
que contiene la copa: el trago del "carpe diem".