Cerrábamos el anterior capítulo mencionando "chill out". Y es que los chill out que nacieron en las raves también han evolucionado sin perder su significado. Chill out sigue siendo sinónimo de relajarse y no hay nada más relajado que beber un cóctel tumbado en una cama. Y eso es lo que ofrece Laydown, en la plaza de los Mostenses, todo blanco y lleno de camas donde cenar en horizontal y tomarse un mojito o un daiquiri. Cuenta Pepe, uno de los socios que "pensábamos que a Madrid le faltaba un lugar para gente a la que ya le de pereza si no se le ofrece algo más, cena, espectáculo y diversión". Los cócteles vinieron después, un poco por exigencia de esa misma gente, aburrida también de los combinados de siempre. Así, losdry martini se han hecho un hueco como aperitivos, lo mismo que las caipiriñas han sustituido a los postres. Incluso el bellini, con la receta original inventada en el Harry ´s Bar de Venecia y "robada" por una amiga italiana de Pepe, acompaña a los que se levantan tras la cena para hacer la digestión al ritmo que marca elDj.
También hay un catre para tumbarse a beber la vida en la calle Hortaleza, en Areia (la calle se comienza en la Gran Vía y discurre paralela a la de Fuencarral). Allí espera una cama que se puede reservar por teléfono, pero también mullidos sillones y colchonetas en un espacio que, además dechill out, presume de reciclaje. El local antes era un pub irlandés y ha sido transformado con elementos decorativos de variadas procedencias que consiguen encajar sin tensiones. Su coctelero es Samuel Rei, que trabaja más de 60 recetas, clásicas y creadas por él, que se suman a la oferta de tés e infusiones de Areia. Samuel probaba combinaciones en el bar de su familia en Río de Janeiro mientras sus amigos le daban a la pelota. Luego estudió en Milán, trabajó en Nueva York y desde hace cuatro años está en este local, donde el resto del ambiente lo ponen los Dj´s.
El "chilloutismo" se ha extendido hasta la periferia de Madrid, como a Majadahonda. Allí, en el centro comercial Equinoccio, luce Moloko Chill Out, con una decoración que cambia cada año y que responde a los arquetipos del asunto con un gran buda presidiendo la sala, con mesas bajas, cojines, butaquitas y unas paredes de color mojito, que por algo es el cóctel estrella del lugar. Lo que empezó como una prueba con cinco referencias se ha convertido en un éxito: hasta el 80% de la facturación es consecuencia de la oferta coctelera.Flavio , otro brasileño, prefiere la fusión al clasicismo y prepara, siempre con frutas naturales, mezclas con nombres sugerentes como Mil Delicias y Screaming Orgasm. La música, en cambio, se permite licencias que no entrarían jamás en la maleta de Mixmaster Morris y otros ilustres del género: aquí suena flamenquito y pop español para contentar a un público que llena el local hasta última hora y que asiste encantado a las fiestas de degustación de cócteles que se organizan periódicamente, también la terraza de 900 metros cuadrados.
Y hay más territorios conquistados por la coctelería. Como los bares de barrio. Es lo que ha sido Brown Square, en los números altos de López de Hoyos, durante 17 años; hasta que, hace dos, su dueño le dio un aire neoyorquino, con paredes rojas y una larga barra negra con frutas frescas y tras la que se exhiben botellas de las mejores marcas. La llegada de la carta de cócteles es reciente, pero el éxito ha sido inmediato. Elmojito sigue siendo el rey, pero la gente se está acostumbrando a pedir cosas más difíciles de pronunciar, como Appletini o Jumpin´ Jack Flash, en un local que presume tanto de buena música, house y funky sobre todo, que hasta tiene un programa de radio en Evolution FM.
En Larios Café, de vuelta al centro y en este sitio muy conocido para todos los madrileños, suena también funky, pero sin dejar el pop, electrónica de bajas calorías y música latina. Hay una orquesta de la casa y un acuerdo con el Gobierno cubano para acoger cantantes de las islas, algo elogiable. Quizá tenga que ver eso con el tiempo que dedica cada día VíctorBruno, argentino de Mar de Plata, a preparar mojitos. También practica las recetas clásicas, inventa las suyas propias y cuenta que se está iniciando en el "flair". Y algunos os preguntaréis ¿qué demonios es eso? Pues el "flair" es la vertiente más espectacular de la coctelería; esa que hace volar las botellas en el aire; esa que hizo famosa Tom Cruise en la clásica película "Cocktail". Y hablando de películas, casi no hay estreno en la capital de España que no acabe en el Larios Café. El local, con una planta baja que es un club en toda regla, es también parada obligatoria para los intérpretes de los musicales de la Gran Vía. De hecho, los domingos se celebra una sesión deOpen Mic: se trata de dejar una banda al servicio de los que se animen a cantar o incluso a hacer monólogos.
Los tiempos han cambiado. Ya no está Ava Gardner. Ya no está Pedro Chicote, pero la esencia permanece. Agitada, no mezclada...
Continuará...